martes, 15 de marzo de 2016

8 de agosto.

Puedo decir que fue hace tiempo… unos años atrás, cuando solo tenía nueve años.
El cielo estaba impregnado de nubes negras, que indicaban el comienzo de una tormenta. Dichas nubes, hacían de fondo a la particular escena del suceso que quiero relataros.
El viento mecía las hojas de los árboles y mis cabellos se alborotaban con las fuertes corrientes de aire. Hacía frío y estaba ansiosa. Como toda niña, había sido llevada por la curiosidad de desobedecer una orden de sus padres y salir.
Con el frío, el agua y el desorden colándose por mis pies descalzos, salí de casa y camine entre la noche y el día hasta encontrarlo…
Puede ser que yo lo estuviera buscando, ya que salí sin rumbo y no me detuve a pesar de que sabía que tenía que hacerlo.
Quizás me había estado llamando, aún no he descubierto la razón por la que me siento tan atraída hacia él y porque seguí caminando a pesar de que las piedras pronto me harían sangrar.
Me detuve.
Por alguna razón, sabía que era ahí. Sabía que tenía que frenar, por fin, mi marcha desconcertante.
Y ahí estaba.
Al levantar mi vista, lo vi de forma borrosa.
Era un ser alto, cabello negro como la misma noche, o al menos como esa noche. Su cabello se mecía entre el aura nocturna por su corte largo, sus ojos eran tan rojos como la sangre que discurría de sus manos, y aun así, no fui capaz a sentir miedo…
Me miraba como si fuera la presa de un depredador, y sin ser consciente, me quede allí quieta, sin sentir un atisbo de miedo.
Me acerque a él.
Confusa y entumecida por su belleza y la forma en la que me atraía, levante mi brazo y toque su pierna, me aferraba a él por motivos que sigo sin conocer.
Era un adulto, un señor mayor, que si le echó cuentas, más o menos tendría unos veinticinco o así.
Me miró y sonrió, mostrando su sonrisa ensangrentada. Atractivamente irresistible. Ahí fue cuando baje mi cabeza, para mirar hacia el suelo.
Mi padre estaba allí, sangrando y sin emitir ni ruidos, ni emociones y mucho menos alegría por verme...
Un 8 de agosto... sí, ese fue el día que mi padre murió…

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