lunes, 28 de marzo de 2016

Perdiste la partida.

Aquí donde me ves, no soy una torre, tampoco un peón. Aquí donde me ves, soy yo sin más, sin mi escuadro, sin mi caballo y menos mi rey. Aquí, donde estoy hoy, no soy tu pieza de ajedrez. Soy yo misma, sin ser tu reina y tampoco tu ficha.

No tengo alfiles, ni avanzo en diagonal o de la misma forma que tú, que pegas saltos en ciertas casillas, no soy tu pasatiempo y tampoco quiero ser tu hobby. Yo no quiero ir contigo y saber que se siente esta inquietud.

¿Sabes acaso cuanto tendré que añorar si me voy contigo? ¿El despojo que me sentiré si no hago un jaque?

Y entonces te mueves, mueves tus piezas con sentido y con razón, pero siendo un auténtico cabrón, ¿acaso no sabes la proeza que ejecutas con esa acción? Rendir culto al campeón y perder el juego que hemos creado aposta, solo para que consigas quedar bien delante de los que nos miran.

Encendiéndote  tras las piezas, destruyendo mi alta estima.

Seguiste con tu juego infantil, tratando de demostrar que podías incluso más que cualquiera, creyendo que ganabas comiendo y comiendo fichas, dejando que me pudriese al ver tus jugadas, pensando que quizás cambiarías la estrategia de tu estúpido juego. Pero no lo hiciste.




Y perdiste la partida, jugando mal todas tus fichas. Me perdiste, por tramposo y por comer más fichas de las que tenía. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario