Aquí donde me ves, no soy
una torre, tampoco un peón. Aquí donde me ves, soy yo sin más, sin mi escuadro,
sin mi caballo y menos mi rey. Aquí, donde estoy hoy, no soy tu pieza de ajedrez.
Soy yo misma, sin ser tu reina y tampoco tu ficha.
No tengo alfiles, ni avanzo
en diagonal o de la misma forma que tú, que pegas saltos en ciertas casillas,
no soy tu pasatiempo y tampoco quiero ser tu hobby. Yo no quiero ir contigo y
saber que se siente esta inquietud.
¿Sabes acaso cuanto tendré
que añorar si me voy contigo? ¿El despojo que me sentiré si no hago un jaque?
Y entonces te mueves, mueves
tus piezas con sentido y con razón, pero siendo un auténtico cabrón, ¿acaso no
sabes la proeza que ejecutas con esa acción? Rendir culto al campeón y perder
el juego que hemos creado aposta, solo para que consigas quedar bien delante de
los que nos miran.
Encendiéndote tras las piezas, destruyendo mi alta estima.
Seguiste con tu juego infantil, tratando de demostrar que podías incluso más que cualquiera, creyendo que ganabas comiendo y comiendo fichas, dejando que me pudriese al ver tus jugadas, pensando que quizás cambiarías la estrategia de tu estúpido juego. Pero no lo hiciste.
Y perdiste la partida, jugando mal todas tus fichas. Me
perdiste, por tramposo y por comer más fichas de las que tenía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario