Esto es real. No es una
historia. Es una liberación. Son ganas de volar y no poder. Son ganas de llorar
y ganas de tener menos sentido de la realidad.
Tengo muchos sueños, uno de ellos siempre fue
marcharme de mi lugar de nacimiento, de mi país, establecerme en algún lugar
lejos, muy lejos, donde nadie me conozca y donde podría vivir tranquila. Un
sitio en el cual viviría en paz conmigo misma y aprendiendo diversas cosas por
mí misma, sola y conviviendo conmigo en algún lugar. Sin protección, sin
explicaciones, solo yo y todas mis cosas. Otro de mis sueños era aprender más
sobre las cosas vivas de la tierra, animales, personas, plantas y todo lo que
pudiese aparecer y llegar.
Quería aprender y sorprender
a muchas personas por la nueva yo. Comprenderme mejor, entender el complejo
hilo que enredo los claves de mi mente…. Quería salvarme a mí misma de mis
sombras y fantasmas. Quería ser de ayuda para otros ya que, a veces, pienso que
no tengo solución. Quería ser psicóloga, escuchar a los demás, ayudarles lo más
que pueda, quería ser capaz de rescatar de las sombras a gente como yo o peor.
Yo
también soy humana, comento errores, tengo problemas y quiero que otros los
escuchen y me apoyen, como a veces también quiero que me abracen y consuelen o
que me dejen tranquila y durmiendo.
Mis sueños se vieron destruidos
por la cruda realidad.
Fue como ver el desánimo
posarse y sepultarse bajo mis hombros, bajo mi piel. Me agobiaba y me aterraba
saber que todo dependía de estos dos años, que tenía que avanzar hacia la meta
y elegir ya.
Estoy tan asustada.
Hasta hoy, todo está oscuro,
no veo nada, no me atrae nada, no sé qué quiero y ya he perdido toda esperanza
de cumplir mis sueños, ¿conseguir mis objetivos? ¿Qué objetivos? ¿Se comen o se
beben? Nada me motiva, todo es perder el tiempo, todo es malgastar mi fuerza y
entusiasmo. Ya no hay nada.
Lo único que quiero es
escribir, leer y dormir. Nada más. No hay nada.
Quería escribir, más que
cualquier otra de las dos cosas, hasta que no pudiese más. Mejorar escribiendo,
hacer sentir a los demás lo que muchos escritores me hicieron sentir a mí. Pero
eso era un sueño y los sueños, no se cumplen. No vivimos en un cuento de hadas
y yo no puedo ser un hada madrina que haga sentir las mismas emociones que
siento yo al leer algunos de esos maravillosos libros o lo que Natsuki Takaya
me hace sentir siempre que leo sus hermosas creaciones.
Ah… que bonito es soñar.
Qué difícil es ver que no
puede hacerse real.
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