Era obvio.
Había estado enamorada de
él, se veía y se notaba demasiado. Incluso cuando no lo tenía cerca se pasaba
las tardes buscándolo o esperando encontrárselo, como si fuese a aparecer
milagrosamente por ahí e ir hacia ella a besarla.
El humo del cigarro fue la
única prueba presente que tenía para afirmar que él estaba ahí, con ella. Era
la única forma que tenía de ver que no era un sueño.
Se dejó caer en el sofá,
rota. Ya no quería más… ya no quería más de ese amor insano, las discusiones,
los llantos, los golpes. Quería ser libre. Tenía que ser libre. Tomaría medidas, pero se acabo.
Ya no amaba ese amor insano. No era feliz, pero podía serlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario