Frío, era una de las
sensaciones que la llevaban a la locura, considerando una tortuosa salida,
semi-desnuda, encerrándose a sí misma en un gran glacial. Sentía el frío calar
más fondo de sus huesos, la oscuridad apoderarse de sus recuerdos, siendo una
persona diabólica y que deseaba tener utilidad para fines sádicos, siendo la
única con una extraña obsesión de acabar con ella.
Era su misión.
Se dejó llevar por los
impulsos, caminando descalza entre la nieve y el los enormes pasos helados.
Deseaba con furor realizar dicha acción, que, como única matiz destruir con
plenitud aquel ser que tanto odiaba desde que “maduró”.
Portando aquel utensilio cortante que la ayudaría.
Ella misma lo empuñaría.
Haría discurrir enormes ríos de sangre.
Bañando su mano de espeso líquido caliente.
Hoy era el día, uno de los
últimos de su vida. La cordura fue escasa en el momento que miró a aquella
persona que lo observaba con ojos llenos de locura, invadidos de la rabia y el
rencor, un resentimiento mayor del que se imaginaba. “Eliminemos el estorbo” dijo su mente y ahí, corrió rápidamente.
Levantó el cuchillo y se lo
clavó.
- Ahora no serás capaz de hacerme más daño- murmuró.
Palabras frías, locas, que
iban dirigidas a sí misma.
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