- Somos raras. Admitámoslo.
Queremos un hombre que nos
trate bien, que nos cuide y nos respete, un deseo normal y que, todas las
personas merecen, bueno, un hombre, una mujer o una persona de todo tipo de
géneros que nos haga felices y nos deje sentir miles de emociones. Queremos que
no sea un cerdo, que nos limpie la casa, que nos entienda perfectamente, cuando
eso es imposible, incluso entre nosotras no nos entendemos como para que nos
entiendan ellos… Sin embargo, después de pedir los hombres perfectos, nos
emocionamos con un hombre cínico, que se meta en problemas y esté más jodido
que la mierda, que os pida algo y os trate como simples trofeos y luego,
misteriosamente cambie y sea un cielo, celoso y posesivo, queremos y soñamos
con uno así… al menos, la mayoría fangirlean con ese éxito de “50 sombras de
Grey” u otros libros que no voy a nombrar, porque sería admitir que escucho y
leo tus tonterías. Cuando leemos algo muy cliché, muchas decimos “buh, ¿qué mariconada
es está? Cursi y demasiado visto”, rechazamos los libros que echan arcoíris por
sus tapas, y exigimos un chico malo. ¿Por qué? Fantaseamos con cosas que no
podemos tener y despreciamos lo que podemos tener…
>>>>Piensas demasiado, Sam.
- No lo hago. Es la verdad, te dieron a elegir en ese juego
entre el chico más inteligente, bueno y respetuoso y el malote que soluciona
los problemas agolpes y te fuiste con el mujeriego.
+ Eso lo dices porque te gustaba el delegado.
Me calló por un segundo. Y mis mejillas se ruborizan hasta decir basta. Bueno, no me esperaba ese ataque tan gratuito.
- Solo cállate.
+ Ahora sí que lo digo yo, mujeres… que raras
sois.
- Tú también eres mujer.
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